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sábado, 19 de abril de 2014

Angela Mele, Anyulina: Sus pastas

PASTAS:


"Como buen hogar de origen italiano, en la casa de los abuelos Ángela y Arsenio se consagraba los domingos a reuniones familiares con comidas a base de pastas caseras. En especial tallarines y ravioles.

La cocina era el escenario de la elaboración culinaria, al compás de la batuta de la pequeña pero activa abuela. Con sapiencia dirigía a sus dos o más hijas a mezclar, amasar, estirar, enrollar y cortar finamente los rollos. Al desenroscar las espirales, aparecían así hilos o hebras de masa, los tallarines. Surgían en cantidades enormes, producto de las manos, el palote y la cuchilla "mayor". No terminaba ahí el proceso. Los fideos se colgaban "a caballo" en pulidas varillas cilíndricas de madera (simples palos de escoba lijados) y apoyadas por los extremos en el respaldo de sillas enfrentadas por el espaldar. Los fideos quedaban así un tiempo para orearse.




 Ángela Mele y Arsenio Solimo. Colección Genealógica ISP, Federico Taboada Cardoso



Mientras tanto la salsa, el tuco, iba tomando color y aroma en las ollas que bullían para d arle el sabor típico a esta comida.
Parecida actividad se realizaba para los famosos "ravioles de la abuela", y cuando la ruedita cortadora de pasta funcionaba incansablemente sobre la masa rellena, cuadriculándola en trozos mayores que los ravioles comunes. Eran "raviolones", con el relleno encerrado en una fina masa con bordes festoneados. Una obra artesanal.

Para tallarines o ravioles, la actividad final en la cocina era vaciar en el colador el contenido de las ollas y llenar las fuentes.

Una lluvia de queso rallado coronaba los manjares y daban satisfacción a los numerosos comensales. Tan ansiosos como hambrientos.

Abuela y sus hijas siempre recibían elogios. Pero el almuerzo no era solamente gustar la comida, sino también vivir un agradable momento en familia."

[Colaboración de Ernesto Dimas Helguera - 30 de Junio de 2003]



 (Foto ilustrativa)

Artículo también publicado en: http://es.geneanet.org/forum/index.php?topic=389178.msg392382#msg392382

Angel Solimo: Justas de Fuerza los domingos en Adrogué

FUERZA:



"En Jucal 924 todos se esmeraban por mimar a los nietos, ya fueran los cuatro que vivían con los abuelos como a los que llegaban de visita.
En las demostraciones de avecto de diversa índole, había una que para los chicos resultaba una proeza de quien la ejecutaba. Era la exhibición de fuerza que los tíos varones llevaban a cabo: consistía en ponerse un nieto sobre los hombros (a babucha), otros dos colgados de los brazos abiertos (uno de cada uno), y dos más "prendidos" en sendas piernas.

Uno de los forzudos era Ángel Sólimo, "Angelito", el tío de buena postura, ojos vivaces, de hablar pausado y, me parece, el único músico de la familia.
Fue guitarrista de alma y siempre lo acompañó su guitarra de palo de rosa y sándalo. Un instrumento de primera calidad. En el último año de su vida, casi 96 años, una familia extraña, conocida poco tiempo antes, se aprovechó de la confianza de tío y se quedó con la preciada guitarra. Y esa familia le hizo la vida imposible.  Tanto, que Oscar Alberto Sólimo, el hijo de mi primo Oscar René, tuvo que conseguirle una casita en Glew, donde vivió los tres últimos meses de su vida, atendiedo en todos los aspectos por la familia de mi sobrino segundo. Tuvo tranquilidad y cariño.

Volviendo a Juncal 924, el tío Angelito, con cinco sobrinos a la vez como  carga humana, caminaba por la galería y por el patio de ladrillos cubiertos por un ernorme parral.

No tardó en surgir la competencia: el tío Carlos. Más joven, con sus diecisiete o dieciocho años, era un muchacho alto, fornido, atlético y con la sonrisa a flor de labios. Siempre fue un crítico implacable de lo incorrecto.

De la manera descripta, ambos se esforzaban en caminar con el cargamento infantil el trayecto más largo. No me acuerdo quién ganaba. O sí, ganábamos nosotros al disfrutar de alguno de los paseos en medio de risas y aplausos.

Mucho más que demostración de fuerza, ambos tíos se sacrificaban para brindar cariño en un ambiente de alegría. Alegría que compartía el menor de la familia, el tío Héctor, que con sus trece o catorce años era parte del público y manifestaba su apoyo con la simpatía que lo cracterizó y siempre conservó, y a la que siendo adulto le agregó la buena conversación y un singular razonamiento. Su esposa, Artemina Cucarella, la tía "Mina", irradiaba bondad y suavidad en el trato social.

Aunque la exhibición fuera de aguante y fuerza, siempre terminaba siendo una fiesta familiar."

[Colaboración de Ernesto Dimas Helguera - 30 de Junio de 2003]


(Foto ilustrativa: Lirio Andino Solimo y Julia Esther Labadie en fiesta familiar)

Artículo también publicado en: http://es.geneanet.org/forum/index.php?topic=389178.msg392396#msg392396