FUERZA:
"En Jucal 924 todos se esmeraban por mimar a los nietos,
ya fueran los cuatro que vivían con los abuelos como a los que llegaban
de visita.
En las demostraciones de avecto de diversa índole, había
una que para los chicos resultaba una proeza de quien la ejecutaba. Era
la exhibición de fuerza que los tíos varones llevaban a cabo: consistía
en ponerse un nieto sobre los hombros (a babucha), otros dos colgados de
los brazos abiertos (uno de cada uno), y dos más "prendidos" en sendas
piernas.
Uno de los forzudos era Ángel Sólimo, "Angelito", el tío
de buena postura, ojos vivaces, de hablar pausado y, me parece, el
único músico de la familia.
Fue guitarrista de alma y siempre lo
acompañó su guitarra de palo de rosa y sándalo. Un instrumento de
primera calidad. En el último año de su vida, casi 96 años, una familia
extraña, conocida poco tiempo antes, se aprovechó de la confianza de tío
y se quedó con la preciada guitarra. Y esa familia le hizo la vida
imposible. Tanto, que Oscar Alberto Sólimo, el hijo de mi primo Oscar
René, tuvo que conseguirle una casita en Glew, donde vivió los tres
últimos meses de su vida, atendiedo en todos los aspectos por la familia
de mi sobrino segundo. Tuvo tranquilidad y cariño.
Volviendo a
Juncal 924, el tío Angelito, con cinco sobrinos a la vez como carga
humana, caminaba por la galería y por el patio de ladrillos cubiertos
por un ernorme parral.
No tardó en surgir la competencia: el tío
Carlos. Más joven, con sus diecisiete o dieciocho años, era un muchacho
alto, fornido, atlético y con la sonrisa a flor de labios. Siempre fue
un crítico implacable de lo incorrecto.
De la manera descripta,
ambos se esforzaban en caminar con el cargamento infantil el trayecto
más largo. No me acuerdo quién ganaba. O sí, ganábamos nosotros al
disfrutar de alguno de los paseos en medio de risas y aplausos.
Mucho
más que demostración de fuerza, ambos tíos se sacrificaban para brindar
cariño en un ambiente de alegría. Alegría que compartía el menor de la
familia, el tío Héctor, que con sus trece o catorce años era parte del
público y manifestaba su apoyo con la simpatía que lo cracterizó y
siempre conservó, y a la que siendo adulto le agregó la buena
conversación y un singular razonamiento. Su esposa, Artemina Cucarella,
la tía "Mina", irradiaba bondad y suavidad en el trato social.
Aunque la exhibición fuera de aguante y fuerza, siempre terminaba siendo una fiesta familiar."
[Colaboración de Ernesto Dimas Helguera - 30 de Junio de 2003]
(Foto ilustrativa: Lirio Andino Solimo y Julia Esther Labadie en fiesta familiar)
Artículo también publicado en: http://es.geneanet.org/forum/index.php?topic=389178.msg392396#msg392396
No hay comentarios:
Publicar un comentario